1.1.26

Arte musical en una calle de New York


Un día no muy lejano se me escapó una imagen —creo que— preciosa. Por apenas unas décimas de segundo, como le ocurre a cualquier fotógrafo de calle, a cualquier cazador de historias urbanas

Tenía frente a mí un gran monumento y, entre él y yo, con la cámara ya preparada, aparecieron dos jóvenes orientales posando mientras una tercera las fotografiaba. Todo encajaba en el visor. La escena era perfecta.

Sin embargo, la figura de la chica que hacía de fotógrafa no quedaba recortada sobre el fondo claro de la piedra del edificio, sino sobre la zona oscura de la gran puerta. Me moví ligeramente para recomponer el encuadre y situar las figuras sobre el fondo claro… y en ese instante ellas se movieron. 

La fotografía perdió todo su sentido. 

El instante había desaparecido.

Cuando eres cazador de instantes en fotografía callejera, esto es algo habitual. Se pierden pequeñas historias por movimientos mínimos, por decisiones tomadas en una fracción de segundo. A veces es mejor una mala fotografía que no hacer ninguna. Y después de una mala toma, intentar una mejor. Debería haber disparado primero y ajustar después, pero no lo hice.

Os dejo, a cambio de aquella, esta fotografía de una calle de Nueva York. 

Un joven tocando percusión con botes vacíos de pintura mientras nadie le prestaba atención. 

Una escena urbana más, otro instante real, otra historia que solo existe porque alguien decidió no esperar.

Arte de calle, música de calle que busca agradar el ambiente.